Déjalas ir, suelta todas esas expectativas ajenas y propias que hoy te asfixian como si fueran una soga alrededor de tu cuello. No eres lo que ellos esperaban, tampoco lo que tu niña interior soñaba para ti, pero oye: no pasa nada. Eso no significa que no valgas, ni que hayas fracasado. Deja de castigarte ya. Tú mejor que nadie conoces todo el esfuerzo que hay detrás y lo díficil que ha sido el camino. No tienes que demostrarle nada a nadie. Lo estás haciendo bien, respira.
Comentarios
Publicar un comentario